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Durante años, el discurso dominante en arquitectura de software ha sido claro: si quieres construir sistemas escalables y “modernos”, necesitas microservicios.
Sin embargo, en la práctica, cada vez más equipos están haciendo justo lo contrario: volver a arquitecturas más simples, mejor estructuradas y más fáciles de mantener.
Y aquí es donde entra en juego una opción que nunca se fue, pero que ahora vuelve con más fuerza: el monolito modular.
Este artículo no pretende decir que los microservicios sean una mala idea.
Pretende explicar por qué el monolito modular sigue siendo una opción muy válida en 2026, y en muchos casos, la más sensata.
El problema no es el monolito, es el monolito mal diseñado
Cuando se habla de monolitos, mucha gente piensa en:
- Una base de código enorme,
- Dependencias cruzadas por todas partes,
- Cambios pequeños que rompen cosas inesperadas,
- Y despliegues llenos de miedo.
Pero eso no es un monolito por definición. Eso es un monolito sin estructura.
Un monolito modular es otra cosa.
¿Qué entendemos por monolito modular?
Un monolito modular es una aplicación que:
- Se despliega como una sola unidad,
- Pero está dividida internamente en módulos bien definidos,
- Con límites claros entre dominios,
- Y dependencias controladas.
Cada módulo:
- Tiene una responsabilidad concreta,
- Expone interfaces claras,
- Y evita depender de detalles internos de otros módulos.
En esencia:
«Es un monolito con mentalidad de buen diseño.»
Por qué muchos microservicios fracasan en la práctica
Antes de defender el monolito modular, conviene ser honestos con los microservicios.
En teoría, ofrecen:
- Independencia de despliegue,
- Escalado granular,
- Equipos autónomos.
En la práctica, muchas veces traen:
- Complejidad operativa desde el día uno,
- Latencia de red,
- Fallos distribuidos,
- Duplicación de lógica,
- Y una infraestructura costosa de mantener.
He visto sistemas donde:
- Los microservicios se comunican más entre ellos que con el exterior,
- Cualquier cambio requiere coordinar varios equipos,
- Y el debugging se convierte en una pesadilla.
El problema no es el patrón. Es introducir complejidad distribuida demasiado pronto.
Ventajas reales del monolito modular en 2026
Simplicidad operativa
- Un solo despliegue.
- Un solo pipeline.
- Un solo punto de observabilidad.
Menos moving parts significa:
- Menos fallos
- Menos tiempo en operaciones
- Más foco en el negocio
Rendimiento predecible
- Comunicación en memoria.
- Sin latencia de red.
- Sin serialización innecesaria.
En muchos casos, un monolito modular rinde mejor que una arquitectura distribuida para el mismo problema.
Evolución controlada
Un buen monolito modular:
- Te obliga a pensar en límites de dominio,
- Te prepara para separar módulos en el futuro,
- Sin pagar el coste de microservicios desde el inicio.
Muchos sistemas exitosos han seguido este camino:
- Empezar como monolito modular
- Extraer servicios cuando el contexto lo pide
Menor coste cognitivo para el equipo
- Menos herramientas.
- Menos conceptos distribuidos.
- Menos infraestructura que aprender.
Esto se traduce en:
- Onboarding más rápido,
- Menos errores,
- Equipos más productivos.
Cuándo un monolito modular es una gran opción
- Proyectos nuevos.
- Equipos pequeños o medianos.
- Dominio aún en evolución.
- Necesidad de moverse rápido sin romper cosas.
- Presupuesto limitado para infraestructura.
En estos casos, empezar con microservicios suele ser optimizar antes de tiempo.
Cuándo NO lo es
Ser honestos también implica decir esto:
Un monolito modular no es la mejor opción cuando:
- Tienes equipos muy grandes y autónomos,
- Necesitas escalar partes muy concretas del sistema de forma independiente,
- Tienes requisitos claros de aislamiento extremo.
La arquitectura siempre depende del contexto.
Conclusión: menos dogma, más criterio
En 2026, la conversación ya no debería ser:
“¿Monolito o microservicios?”
Sino:
“¿Qué nivel de complejidad necesita realmente este sistema hoy?”
El monolito modular no es un paso atrás.
Es, muchas veces, una decisión madura.
Diseñar sistemas que puedan evolucionar sin añadir complejidad innecesaria
sigue siendo una de las habilidades más valiosas en ingeniería de software.
